viernes, 10 de octubre de 2014

LA VIVIENDA

  
NOTA: Los hipervinculos  los llevaran a mas material sobre el tema

Las condiciones materiales de existencia para el hombre y la mujer medievales serán bastante precarias debido a su dependencia del medio natural. Sería lógico pensar que estas condiciones variaban en relación con las diferencias sociales. Fuertes diferencias encontramos entre las casas o las ropas de los señores feudales y los altos clérigos respecto a las de los labriegos o humildes artesanos. Aún así también las clases altas tenían amplias carencias que, de esta manera, igualaban a la sociedad. Las casas desempeñaban diversas funciones; eran refugio ante las inclemencias naturales, residencia de la familia y el centro de las actividades productivas. La vivienda de los campesinos también era granero y establo mientras que en los núcleos urbanos la casa de los artesanos incluía también el taller. La chimenea era uno de los elementos fundamentales de la casa al representar el hogar y la unidad de percepción fiscal. Los documentos de la época hacen referencia a fuegos por lo que los estudios demográficos difieren a la hora de aplicar el número de personas que habitaba ese fuego. Las viviendas humildes eran tremendamente sencillas: constaban de un amplio espacio donde se vivía y trabajaba, se comía y se dormía. Las casas solían ser de madera aunque también podían incluir ladrillo, adobe o piedra. Debemos advertir que en las ciudades se empiezan a manifestar importantes transformaciones en cuanto a la división del espacio. En este ámbito urbano las casas tenían dos pisos, estando la zona a pie de calle destinada a la tienda o taller y a zona de cocinas, donde también se comía. Al fondo de la planta baja encontramos un patio con un pozo. La segunda planta es la zona de habitaciones comunicada con la planta baja por una escalera. Sobre este primer piso estaba el granero y en el subsuelo hallamos la bodega. En buena medida repite el esquema de los chalets adosados de la actualidad. Las baldosas que cubren los suelos, las letrinas o los cristales que cierran las ventanas serían signos evidentes del progreso económico y social de los habitantes de la vivienda. Hablando en términos númericos, los habitantes de esta casa modelo urbana dispondrían de unos cien metros cuadrados de vivienda. Otro tipo de viviendas urbanas serían los típicos corrales castellanos donde gente de condición modesta organizaban sus casas alrededor de un patio donde estaba el pozo común. Las viviendas eran pequeñas y las letrinas de uso conjunto. En Sevilla las casas también se organizaban en torno a patios, evidencia de la influencia musulmana. Las limitaciones caracterizaban el mobiliario medieval. La cama, la mesa, los asientos o bancos y las arcas eran los cuatro muebles básicos en una casa. El más importante era la cama -en Castilla decir que alguien "no tiene más que la cama sobre la que se echa" era sinónimo de pobreza"-, generalmente de gran tamaño ya que la familia solía dormir conjuntamente. En numerosas ocasiones la cama se construía con unos bancos o tablas sobre las que se colocaban las colchas, siendo un mueble desmontable. En las casas nobles la cama era una estructura estable que se adornaba con un dosel. Los colchones eran de paja -los más pobres- o plumas. La ropa de cama también variaba en función de la condición social. Las mesas cumplían un importante papel en la vivienda medieval. También podían ser desmontables -un tablero sobre caballetes que se quitaba cuando acababa la comida, de donde viene la expresión "quitar la mesa" - o fijas, incluso adosadas a la pared. El médico sevillano Juan de Aviñón establece que la altura óptima de las mesas debía ser de tres palmos. Acompañando a la mesa encontramos los bancos. Este mismo médico también hace referencia a sus medidas ideales: dos palmos de anchura y entre uno y medio y dos de altura. Para amortiguar la dureza de la madera con que estaban construidos se utilizaban cojines. Los enseres de la familia se guardaban en arcas, desde los vestidos a los utensilios, alimentos o los escasos libros. Podíamos considerar que realizaban la función de los actuales armarios y también eran utilizados como asientos. Se cerraban con complicados herrajes. Braseros, candiles, alfombras, esteras, espejos, cubas, jarras, tinajas y un amplio etcétera formaban el catálogo de objetos existentes en las viviendas.

NUEVOS SITIOS DE BUSQUEDA


Docentes de la cátedra aportan direcciones de buena calidad para todo el año. USTEDES TAMBIÉN PUEDEN HACERLO COMUNICÁNDOSE POR FACEBOOK O MAIL


http://quod.lib.umich.edu/cgi/i/image/image-idx?page=index;c=hiaaic;g=arch-ic
http://wings.buffalo.edu/AandL/Maecenas/general_contents.html
http://www.mip.berkeley.edu/spiro/
http://www.vads.ac.uk/collections/index.html
http://wings.buffalo.edu/AandL/Maecenas/general_contents.html

VIVIENDA

2 1

Fig. 1 Dibujo de molinos de viento y de agua utilizados en la edad media. Fuente:Behling y Behling 1996.
Fig.2Molino de agua diseñado por Vitruvio,comúnmente utilizado desde tiempos del imperio romano. Fuente: Behling y Behling 1996
Aunque para algunos historiadores la Edad Media constituye una época oscura, rústica, antimecánica, estática e incluso irracional, es en esta etapa de la historia cuando se inventa un conjunto de artilugios mecánicos como la bomba de succión, el reloj, el telar horizontal, la noria, el molino de viento y el movido por las mareas (Fig. 1 y 2), así como otras innovaciones en la agricultura, la industria primaria y la construcción, que hicieron posible posteriormente la aplicación de una serie de mejoras en las condiciones de vida dentro del hogar. Además, con el surgimiento de la ciudad libre y el nacimiento de la burguesía, se dieron grandes pasos en la evolución de la vivienda. Los burgueses, a diferencia de los clérigos que vivían en monasterios y de la aristocracia que vivía en grandes castillos, vivían en casas.
La vivienda medieval española no se diferencia mucho de las del resto de Europa hasta la invasión de los árabes y beréberes en el año 711, quienes ocupan casi la totalidad de la península y trajeron consigo una nueva mentalidad y una nueva forma de vida las cuales se manifestaron en el aspecto físico de las ciudades y en especial, en el de las casas. En efecto, las ciudades fueron cambiando su configuración espacial; las residencias se amontonaron en un conjunto de calles angostas donde prácticamente no existían alineaciones rectas. La calle, en ese momento, se convirtió en un subproducto de la repartición del suelo dedicado especialmente a la casa. Ejemplos de esto los podemos hallar en Toledo, Sevilla, Málaga, Córdoba, y otras tantas ciudades y pueblos de España.

TECNOLOGÍA Y VIVIENDA



http://ecatectonico.blogspot.com/2009/01/el-hogar-medieval.html
Las casas medievales eran muy diferentes de las actuales. Los campesinos pasaban la mayor parte del día fuera, por lo que las corrientes de aire y la escasa luz de las ventanas sin cristales no les molestaban. Para alumbrarse, pelaban un junco y lo mojaban en manteca, y eso ardía como una vela. Todo se mantenía lo más limpio posible: los suelos de tierra se solían desgastar a fuerza de barrerlos. La vida doméstica era mucho más en común que la actual, ya que las familias enteras comían, dormían y pasaban su tiempo libre juntas en su hogar de uno o dos cuartos. Las casas de los ricos eran mucho más complicadas. Hacia el siglo XIII, algunos nobles tenían un recinto privado para su familia: el aposento. Solaban sus habitaciones con baldosas adornadas y colgaban tapices en sus muros. Resultaba posible juzgar la categoría social de una casa mirando a sus ventanas. Los pobres sólo tenían huecos cubiertos de postigos de madera que se cerraban de noche o cuando hacía frío. La gente acomodada disponía de ventanas traslúcidas, de varillas cruzadas cubiertas de tela empapada en resina y sebo. Dejaban pasar la luz y evitaban las corrientes, y podían abrirse cuando llegaba el buen tiempo.
Apareció entonces una próspera clase mercantil que comenzó a construirse grandes casas señoriales en las ciudades y feudos rurales. Esta relativa calma mejoró las condiciones de vida de los siervos de la gleba, pero los problemas urbanos, agravados por la expansión demográfica de la baja edad media, mantuvieron en condiciones de miseria a la mayoría de sus habitantes. Hacia el final del medievo las casas señoriales evolucionaron hasta convertirse en palacios. Estas nuevas construcciones consistían en sofisticadas viviendas para la nobleza eclesiástica y mercantil, o para las familias gobernantes, que ocupaban un edificio entero y contenían estancias ceremoniales, aposentos para los señores y habitaciones para un gran número de sirvientes y cortesanos de todo tipo.
Tendencias evolutivas detectadas a partir de una información fragmentaria. A lo largo de este amplio periodo que abarca casi 800 años observamos dos tendencias de larga duración en tomo a la caracterización de la vivienda.
Entre una y otra, el punto de inflexión parece estar próximo al cambio de milenio.
A). Los datos que conocemos del periodo anterior al año 1000 presentan una relativa homogeneidad, cuyos rasgos visibles pueden formularse en los siguientes términos:
Empleo mayoritario de la piedra como material de construcción, extraída de las canteras locales o re aprovechada de edificios arruinados.
Uso de la madera reservado a las cubiertas y zonas altas de las viviendas Empleo de técnicas constructivas rudimentarias: muros de mampostería asentada en seco, materiales apenas desbastados y ausencia de cimentaciones.
Las divergencias más destacadas se observan en las plantas de las viviendas, donde se documentan tanto espacios unitarios y simples, como complejos y de difícil comprensión, al albergar estos últimos otros recintos trapezoidales o cuadrangulares, cubiertos o no y de dimensiones que pueden superar los 200 m2 o no llegar a los 50.
Esta variedad morfológica y la ausencia de patrones constructivos se explica por la existencia de dependencias especializadas en función de las distintas actividades productivas desarrolladas por sus habitantes, aunque salvo casos excepcionales no se ha podido establecer una relación precisa entre forma y función. Sólo la presencia de hogares, de bancos corridos adosados a las paredes o de elementos de tipo artesanal ofrece alguna pista. En este sentido es significativo, aunque no general, el hallazgo de prensas empleadas en la obtención de vino y aceite, de piedras circulares pertenecientes a molinos de mano, de residuos de resina para obtención de pez destinado, tal vez, a impermeabilizar odres o toneles de madera y de un horno de dimensiones considerables.


En el siglo X y en los siguientes se observa un conjunto de constantes que si en determinados aspectos continúan las características del periodo anterior, en otros modifican la imagen de la vivienda, lo que no es sino el reflejo de los cambios profundos que en los dos primeros siglos del II milenio experimentó la sociedad.
Entre las permanencias se ha de señalar el empleo de sistemas constructivos rudimentarios: piedras apenas desbastadas, muros irregulares e inestables, ausencia de zanjas de cimentación y de argamasa. La novedad más destacada es tal vez la simplificación de las plantas que, independientemente de su contextualización en una aldea de poblamiento agrupado o disperso, responden al modelo de la denominada casa elemental característica de amplias zonas de Europa Occidental en la Edad Media.
De dimensiones que raramente superaban los 50m2, organizaban el espacio interior en dos mitades: la delantera ocupando dos tercios de la planta dedicada a hogar y vivienda y la trasera a dormitorio y ocasionalmente a almacén; aunque los usos específicos están pendientes de confirmar empíricamente. Tanto la morfología como las dimensiones de las habitaciones, durante todo el periodo estudiado y en todas las comarcas, vinculan la casa con el asiento de familias conyugales.
Ninguno de los datos disponibles permite sostener la existencia de familias extensas cohabitando bajo el mismo techo, ni de una organización del hábitat en función de jerarquías de tipo gentilicio establecidas por criterios de parentesco y antigüedad, puesto que la homogeneidad de las edificaciones, sólo se ve rota por la presencia de la iglesia, el castillo o la casa torre, reflejo del dominio señorial, contrapuesto a sistemas sociales de base gentilicia. Delante de la casa se dispusieron otros recintos, definidos por cercados de piedra apenas amontonada, reservados para los animales. Esta delimitación de ámbitos, al favorecer el aprovechamiento económico de los recursos ganaderos, constituye un síntoma de la tendencia a imbricar en la explotación campesina la actividad agrícola y pecuaria, lo que a su vez es reflejo de la expansión productiva, motivada por la modificación de los sistemas de cultivo, cada vez más intensivos y necesitados de abonos orgánicos.
Se constata en determinados asentamientos un intento de economizar medios en las construcciones aprovechando afloramientos de la peña natural, creando así un tipo peculiar de vivienda extendido por áreas de montaña, relacionado -pese a que tradicionalmente se ha explicado por la dinámica de la reconquista y repoblación- con la expansión agrícola, espontánea, iniciada con anterioridad al siglo X por un campesino libre pero pobre que, como señaló P. BONASSIE (1993: 60), en su lucha contra el hambre, desbrozó el bosque, drenó las tierras húmedas, ocupó las marginales y preparó bancales para cultivo en las laderas.
El crecimiento económico creó a su vez la necesidad de almacenar la producción en espacios destinados a ese fin.
En la documentación escrita aparecen los horreos o las cellas; en la arqueológica los silos excavados en los suelos de las casas o en los alrededores. Muchos de ellos, de capacidad limitada, se amortizaron a lo largo del siglo XII, probablemente debido a que el triunfo y consolidación de la aristocracia señorial los haría innecesarios, puesto que fue esta clase la única beneficiaria de los cambios experimentados en los sistemas sociales de producción, al captar los excedentes productivos a través de la expansión de la renta feudal.


Los efectos del desarrollo productivo iniciado con anterioridad al año 1.000, cuyos resultados, como se ha visto, quedaron reflejados en la estructura de la vivienda, favorecieron la implantación del sistema feudal y provocaron otros cambios entre los que se destaca el renacimiento del mundo urbano y del mercado, que a su vez constituyó un estímulo a la economía rural. La participación de algunos campesinos en los circuitos económicos recién creados motivó su enriquecimiento y prosperidad, lo que se dejó sentir de nuevo en la casa que – A partir del siglo XIl- sufrió diversas transformaciones tendentes a mejorar las condiciones de habitabilidad, imitando modelos urbanos o señoriales.
En este sentido se observa la ampliación del espacio de las viviendas y el aumento del número de habitaciones utilizadas como taller, almacén, bodega, cocina, comedor, sala y dormitorio.
En ocasiones, la expansión fue tan expresiva que se efectúo sobre la antigua «casa elemental», al yuxtaponer al núcleo fundacional anexos especializados para el desarrollo de actividades específicas, cada vez más diversas y alejadas de la autosubsistencia.
También, incluso en núcleos de poblamiento disperso o no muy compacto se aprecia que los animales fueron alejados de las habitaciones de la familia, creando cobertizos, corrales y construcciones nuevas que podían estar organizadas en torno a un patio -como en Castilla-, estar separadas de las viviendas por una especie de hall que individualizaba nítidamente ambos espacios -como sucede en el manso B de Villosiu-, o ser exentas, con áreas vacías en su alrededor.
Apareció también la casa de pisos, que triunfó entre los campesinos enriquecidos, quienes reprodujeron algunos aspectos formales de las casas torres señoriales con el objeto de demostrar su prestigio social. Pese a ello no tuvieron carácter defensivo, ya que fueron tan sólo casas de labranza en las que los animales quedaron segregados al piso bajo, en tanto que en el primero se dispuso la sala, hogar y dormitorios. Los primeros testimonios peninsulares que conocemos, datado s a fines del siglo XIII y XIV, se refieren al ámbito mediterráneo. En Navarra se documenta en núcleos muy compactos, próximos a tipología de carácter urbano y en el área atlántica del País Vasco no hizo su aparición entre los campesinos hasta finales del siglo XV, de la mano del caserío.
Las técnicas, por otro lado, mejoraron. Se continuó utilizando piedra de procedencia local, pero se regularizó y ordenó en hiladas unidas con argamasa. Irrumpieron también en el paisaje nuevos materiales como la teja curva, las baldosas de arcilla cocida y los ladrillos, que se emplearon en todas las partes de la casa: suelos, paredes -rellenando entramado s de madera- y tejados. Estos materiales comenzaron a fabricarse en toda Europa a partir del siglo XIII momento del que ya existen referencias textuales a hornos de fabricación de ladrillos en las grandes ciudades castellanas o leonesas (M. C. CARLE, 1982). En la siguiente centuria su uso estaba ya muy extendido incluso en zonas consideradas marginales
Las condiciones de habitabilidad mejoraron también al construir fogones, hornos de pan, hogares adosados a las paredes que permitieron la apertura de chimeneas en los muros, alacenas, ventanas ... Incluso el mobiliario que, hasta la Baja Edad Media era muy reducido y poco variado, limitado a algunas ollas cerámicas destinadas a la cocción de alimentos, se diversificó: aparecieron entonces platos, jarras, escudillas, fuentes y una vajilla más completa destinada a cubrir un número mayor de usos.
Estos cambios que venimos comentando no se produjeron de forma lineal; en el proceso hubo retrocesos y fuertes impulsos y su incidencia no fue la misma en todas las comarcas ni en todos los grupos sociales, incluso entre individuos que gozaban del mismo estatus jurídico. A modo de ejemplo se puede recordar el hecho de que todavía avanzada la Edad Media perduraban costumbres atávicas, como la de enterrar a los niños en el suelo de las viviendas.

PARA VER CINE CON UNA MIRADA HISTÓRICA

CINE SOBRE EL MEDIOEVO

En la mayoría de la filmografía medieval las raíces históricas de personajes y sucesos están transformadas por el filtro literario y la leyenda (Los nibelungos, Barba Azul, Lady Godiva, El mantial de la doncella, La papisa Juana), además de por el espectáculo o la aventura inherentes a buena parte de unas películas que idealizan la Edad Media. En realidad, los datos son tan escasos en la documentación previa que los filmes con rigor histórico resultan excepcionales. Incluso se da la paradoja de que algunas de las mejores películas sobre la época, que intentan reflejar algo de su mentalidad, (El nombre de la rosa, El séptimo sello, Los señores del acero, El último valle) son fruto de la pura invención de nuestros contemporáneos.
En algunos casos, se ha buscado la traslación al cine de epopeyas nacionales de origen literario (La chanson de Roland, El Cid, Los nibelungos, El valle de las espadas) y de otras obras medievales de referencia (El Decamerón, Los cuentos de Canterbury, Tres historias de amor). Las presiones del imperio otomano y las tensiones de las cruzadas han quedado reflejadas, entre otras, en Solimán el conquistador, El talismán, Lionheart o en Las cruzadas, espectacular recreación de DeMille según su particular estilo.
La épica domina gran parte de los relatos sobre reyes y gobernantes, uno de los formatos más frecuentados del cine medieval. La filmografía hegemónica es acerca del medievo inglés con adaptaciones -confesas o no- de Shakespeare y coetáneos suyos sobre monarcas (Ricardo III, Enrique V, Eduardo II, Campanadas a medianoche, Alfredo el Grande, El león de invierno, Corazón de león, La torre de Londres) y obras de referencia como Becket, a partir de drama de Jean Anouilh, o Braveheart, sobre el líder escocés.

OTRA VISIÓN

Las relaciones entre el cine y la Edad Media empezaron por la fantasía de las películas de aventuras llenas de caballeros espléndidos y damas de larga caballera primorosamente peinada, y evolucionaron hacia el realismo "sucio" de esas otras películas que intentan mostrar la "verdadera" cara medieval. Hay mucha, mucha distancia entre la perilla de Errol Flynn en Robín de los bosques y las batallas de El reino de los cielos de Ridley Scott, o entre el impecable Camelot de Los caballeros del rey Arturo de Richard Thorpe y la sobrecogedora miseria que inunda Los señores del acero de Paul Verhoeven. Puede que dentro de poco veamos películas ambientadas en la Edad Media tan realistas que saldremos del cine manchados de sangre, pero no tan emocionantes como El halcón y la flecha. Las películas del Alto Cine Medieval (más alejado de nuestros días) se corresponden con la imagen "positiva" de la Edad Media: torneos, vida de corte, caballeros fieles y príncipes magnánimos; sin embargo, las películas del Bajo Cine Medieval (el más cercano) se centran en la imagen "negativa" (que algunos confunden con la imagen realista) de la Edad Media: pobreza, hambre, peste, desorden político, abusos contra los campesinos y supersticiones del pueblo.
De la historia de la península ibérica se recrean las figuras de los Reyes Católicos y su época (Locura de amor, La leona de Castilla, La espada negra, La reina Isabel en persona, Juana la loca); hay filmes sobre la cultura musulmana (Los cien caballeros, Al Andalus), las disputas dinásticas (Pedro el Cruel, La reina santa) y una expedición del reino de Navarra fuera de la piel de toro (La conquista de Albania). La Italia medieval es el escenario de aventuras e intrigas sobre los Borgia (La máscara de los Borgia, Lucrece Borgia, Le notti di Lucrecia Borgia, El príncipe de los zorros, El duque negro), relatos costumbristas (El Decamerón), biografías de san Francisco (Francesco, Francesco d'Assisi, Francesco, giullare di Dio, Hermano sol, hermana luna) etc.
Eisenstein tiene en su haber el díptico sobre el primer zar de todas las Rusias (Iván el terrible y La conjura de los boyardos) además de Alejandro Nevsky. De Asia hay aventuras en torno a la figura del fundador del imperio mongol, Genghis Khan (Genghis Khan, El conquistador de Mongolia, Los mongoles, La princesa Samarkand), y al viaje de Marco Polo (Las aventuras de Marco Polo, Marco Polo, La conquista de un imperio). El contexto medieval da lugar a invenciones de todos los géneros, particularmente de aventuras sin base histórica (El halcón y la flecha, Lady Halcón, Ivanhoe, La rosa negra, La espada normanda, Los invasores) -algunas de ellas planteadas como viajes en el tiempo (Navigator: una odisea en el tiempo, El caballero negro)-, pero también hay comedias (La armada Brancaleone, Blanche, El soldado de fortuna), filmes de terror (La máscara de la muerte roja), fantasía (Dragonheart), biografías de santos (con los varios títulos sobre Juana de Arco, Cotolay) e indagaciones sobre la brujería y los conflictos religiosos (Dies Irae, Belladona, Le Moine et la sorcière).

FILMS SOBRE LA EDAD MEDIA EN LA HISTORIA DEL CINE. En rojo los mas fácil de conseguir

Abdicación (La Abdicación, Anthony Harvey, 1974)
Al Andalus (Jaime Antonio Tarruella Oriol y, 1988)
Alejandro Nevsky (Aleksandr Nevskij, Sergei M. Eisenstein, 1938)
Alfredo el Grande (Alfredo el Grande Donnier, Clive, 1969)
Andrei Rubliov (Andrei Tarkowski, 1966)
La armada Brancaleone (L'armata Brancaleone, Mario Monicelli, 1965)
Las aventuras de Marco Polo (Las aventuras de Marco Polo, Archie Mayo, 1938)
Barba Azul (Azul Barbe, Christian-Jaque, 1951)
La batalla de los Tres Reyes (Ben Barka Suley, 1990)
Becket (Peter Glenville, 1963)
Belladona (Kanashimi no beradonna, Eiichi Yamamoto, 1973)
Blanche (Walerian Borowczyk, 1971)
El bordón y la estrella (León Klimovsky, 1966)
Braveheart . Corazón Valiente (Mel Gibson, 1995)
El caballero negro (El Caballero Negro, Gil Junger, 2001)
Los caballeros teutónicos (Krzyzacy, Aleksander Ford, 1960)
Campanadas un Medianoche (Campanadas a medianoche, de Orson Welles, 1965)
Chanson de Roland (Cassenti Frank, 1977)
El Cid (Anthony Mann, 1961)
Los caballeros Cien (Vittorio Cottafavi, 1965)
La conjura de los boyardos (Ivan Grozni II, Sergei M. Eisenstein, 1945)
La conquista de Albania (Alfonso Ungría, 1984)
La conquista de las Naciones Unidas imperio (L'Echiquier de Dieu, Denys de La Patellière, 1965)
El conquistador de Mongolia de (El Conquistador, Dick Powell, 1955)
Corazón de león (La Flecha Negro, Douglas Gordon, 1948)
Cotolay (José Antonio Nieves Conde, 1965)
Las Cruzadas (Las cruzadas, de Cecil B. De Mille, 1936)
Los cuentos de Canterbury (Il raconti di Canterbury, de Pier Paolo Pasolini, 1972)
El Decamerón (Il Decamerón, de Pier Paolo Pasolini, 1971)
Día del Juicio Final (Dag Vredens, Carl Th.. Dreyer, 1943)
Dragonheart (Rob Cohen, 1996)
El duque negro (Pino Mercanti, 1963)
Eduardo II (Eduardo II, Derek Jarman, 1991)
Enrique V (Enrique V, Laurence Olivier, 1944)
Enrique V (Enrique V, de Kenneth Branagh, 1989)
Erik, El vikingo (Erik, el vikingo, Terry Jones de 1989)
La espada negra (Francisco Rovira Beleta, 1976)
La espada normanda (Roberto Mauri, 1971)
Excalibur (John Boorman, 1981)
La flecha negra (Flecha Negro, Hugh John, 1985)
Francesco (Liliana Cavani, 1989)
Francesco d'Assisi (Liliana Cavani, 1966)
Francesco, Giullare di Dio (Roberto Rosellini, 1950)
Francisco de Asís (Francisco de Asís Curtiz, Michael, 1961)
Genghis Khan (Henry Levin, 1965)
Giovanna d'Arco al Rogo (Roberto Rossellini, 1954)
El halcón y la flecha (El halcón y la flecha, de Jacques Tourneur, 1950)
Hermano sol, hermana luna (Fratello única, sorella luna, Franco Zefirelli, 1972)
Los Invasores (Los Barcos Long, Jack Cardiff, 1963)
Iván El Terrible (Groznij Iván, Sergei M. Eisenstein, 1945)
Ivanhoe (Richard Thorpe, 1952)
Jerusalén Liberada (Gerusalemme Liberata, Carlo Ludovico Bragaglia, 1957)
Juana de Arco (Juana de Arco Victor Fleming, de 1948)
Juana de Arco (Juana de Arco, de Luc Besson, 1999)
Juana la Loca (Vicente Aranda, 2000)
Lady Godiva (Arthur Lubin, 1955)
Lady Halcon (Richard Donner, 1985)
La leona de Castilla (Juan de Orduña, 1951)
El león de invierno (The Lion in Winter, Anthony Harvey, 1968)
La leyenda de Genoveva (La leggenda di Genoveva, Arthur Maria Rabenalt, 1952)
Locura de amor (Juan de Orduña, 1948)
Lucrece Borgia (Christian-Jacque, 1950)
Mahoma, el mensajero de Dios (Mohammad, Messenger of God, Mustafá Akkad, 1977)
El manantial de la doncella (Jungfrukällan, Ingmar Bergman, 1959)
Marco Polo (Hugo Fregonese, 1961)
Mar de luna (Manuel Matji, 1995)
La máscara de la muerte roja (The Mask of the Red Death, Roger Corman, 1964)
La máscara de los Borgia (Bride of vengeance, Mitchel Leisen, 1949)
El milagro de los lobos (Le miracle des loups, André Hunebelle, 1961)
Le Moine et la sorcière (Suzanne Schiffman, 1987)
Los mongoles (I Mongoli, André de Toth, 1961)
Navigator, una odisea en el tiempo (The Navigator, a Medieval Odissey, Vincent Ward, 1988)
Los nibelungos (Die Nibelungen, Fritz Lang, 1924)
Los nibelungos (Die Nibelungen, Harld Reinl, 1967) La noche secreta de Lucrecia Borgia (Roberto Montero, 1982)
El nombre de la rosa (Il nome della rosa, Jean-Jacques Annaud, 1986)
Le notti di Lucrecia Borgia (Sergio Greco, 1959)
The Norseman (Charles B. Pierce, 1978)
Pajarracos y pajaritos (Uccellacci e uccellini, Pier Paolo Pasolini, 1966)
La papisa Juana (Pope Joan, Michael Anderson, 1972)
El puente de los suspiros (Piero Pieroti, 1964)
El rebelde (Michael Kofhaas, rebelde der, Volker Schlöndorff, 1969)
La reina Isabel en persona (Rafael Gordon, 2000)
La reina santa (Rafael Gil, 1947)
Ricardo III (Ricardo III, Laurence Olivier, 1955)
Ricardo III (Ricardo III, de Richard Loncraine, 1995)
La Rosa Negra (El Negro Rose, Henry Hathaway, 1950)
Santa Juana (Santa Juana, Otto Preminger, 1957)
El Señor de la Guerra (El señor de la guerra, Franklin J. Schaffner, 1965)
Los Señores del Acero (Flesh and Blood, Paul Verhoeven, 1985)
El séptimo sello (Det sjunde inseglet, Ingmar Bergman, 1956)
La Ruta de la Seda (Junya Sato, 1992)
El soldado de fortuna (Il Soldato di fortuna, Pasquale Festa Campanile, 1975)
Solimán El Conquistador (Solimano, conquistatore il, Mario Tota, 1961)
El talismán (Richard King y los cruzados, David Butler, 1954)
Teodora, emperatriz de Bizancio (Teodora, Riccardo Freda, 1954)
La torre de Londres (Torre de Londres, Rowland W. Lee, 1939)
Tres Historias de amor (Noches de Decameron, Hugo Fregonese, 1952)
El último valle (El último valle, James Clavell, 1971)
El valle de las espadas (Javier Setó, 1962)
Los vikingos (Los vikingos, Richard Fleischer, 1958)
The Warriors (Henry Levin, 1955)
Por Paseo El Amor y la Muerte (Un Paseo por el amor y la muerte, John Huston, 1969)
La pasión de Beatrice (Béatrice, Bertrand Tavernier, 1988)
La pasión de Juana de Arco (La pasión de Juana de Arco, Carl T. Dreyer, 1927)
Pedro el Cruel (Ferdinando Baldi, 1964)
La princesa Samarcanda (La Horda de Oro, George Sherman, 1951)
La princesa del Nilo (Harmon Jones, 1954)
El Príncipe de los Zorros (Príncipe de los zorros, el rey Enrique, 1949)
Le Procès de Jeanne d'Arc (Robert Bresson, 1961)
El puente de los suspiros (Il Ponte dei Sospiri, Mario Bonnard, 1940)